Correo aéreo
Está la casa tan caliente, este nueve de marzo de dos mil
catorce
que nos ha traído a la calefacción central en horario de
invierno
un día de verano que ha encontrado en los bolsillos más
profundos
de este profundo invierno de mierda,
tan caliente está
que deberías estar aquí para que pudiéramos follar desnudos
sobre la cama sin abrir,
correo aéreo que se deja en la repisa de la cocina
hasta que se pueda reunir toda la familia en torno a las
buenas noticias,
para que pudiéramos sudar un poquito juntos y que después
no se viera nada a través de las ventanas empañadas.
Amor opaco, como lo que hay detrás del horizonte.
Y sin embargo no estás y pienso en este pequeño poema que
llevo
mucho tiempo diciendo lo mismo, todos los meses
escribiendo el mismo puñetero poema; cualquiera que me
estuviera leyendo
hace un par de años que habrá dejado de hacerlo por eso.
Que les den.
Ya tendré tiempo de hacerme viejo y de que lleguen
los terrores nocturnos de los domingos, bien tarde, a
hacerme escribir
de política y metafísica.
Mientras tanto, te sigo echando de menos para cerrar.
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